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Una nueva maternidad, cuando hay historia de aborto

Quizá hoy la noticia de un nuevo embarazo te toma por sorpresa, probablemente el miedo o la incertidumbre se apoderan en este momento de tus pensamientos y surgen emociones que dificultan el aceptar esta nueva maternidad; especialmente porque ya has vivido uno o más abortos.

El haber pasado por la pérdida de un bebé antes de nacer es un evento único, que por lo general se vive en silencio y soledad. Los que están alrededor nuestro no saben muchas veces cómo ayudar, cómo empatizar y terminan lastimando y haciendo este proceso aún más doloroso.

¿Por qué duele especialmente? Si no lo conocí, si no llegué a cargarlo, si además era de tan solo unas semanas de embarazo; precisamente por eso es un dolor único. No es una muerte chiquita ni un duelo pequeño. Es un hijo que existió, un futuro que no llegó, un rostro que no vi y que no sabré cómo hubiera sido mi vida junto a él o ella.

Las circunstancias alrededor de la noticia de su existencia, el tiempo que duró el embarazo quizá fueron difíciles, injustas o crueles. El juicio ajeno y propio pudo haber lastimado el inicio de la relación con ese hijo que apenas crecía. Pasado el aborto, es común sentir algo de alivio por toda la crisis o estrés vivido, sin embargo, sentimientos de enojo, tristeza dolor o vacío es probable que prevalecieran por mucho tiempo.

Depresión, estrés postraumático, pudieron haber generado sentimientos de rechazo al papá del bebé, a las mujeres embarazadas o niños de la edad que hubiera tenido el tuyo o bien, sentimientos opuestos de un especial interés en bebés, apego al papá del bebé, incluso codependencias, adiciones de todo tipo; incluso adicciones aparentemente “buenas” como al estudio o trabajo.

¿Cómo enfrentar una nueva maternidad frente a este panorama? Si ya estás embarazada, darte la oportunidad de identificar y reconocer a este nuevo hijo como único, distinto al que no está o a los que ya se fueron; por la razón que sea (aborto inducido o espontáneo).

Cuando perdemos a un ser querido, vemos natural el llanto, platicar sobre esa persona, estar tristes, enojados, incluso, tenemos ritos y tradiciones en las que nos apoyamos para estar acompañados, para honrar a esa persona, recordarla y pasar un tiempo en ese estado que nos ayuda a elaborar el duelo por esa ausencia especial en nuestras vidas.

¿Pero qué pasa cuando un hijo no llega a nacer? Todo lo contrario, hay un gran silencio, nadie se atreve a platicar del asunto, no hay un cuerpo que enterrar, no hay un ritual de despedida, no hay cómo llamarle a ese hijo porque es probable que ni le hayamos puesto un nombre. Mas aún, si fue un aborto inducido, no hay derecho a un duelo, porque “nosotros lo buscamos”, procuramos el aborto y lo que todos esperan, -incluso yo misma-, es que me sienta feliz y tranquila con mi “decisión”.

Pedir ayuda es un acto de honestidad y valentía, no es sencillo enfrentar las dificultades en soledad. El embarazo es una etapa en la vida que requiere acompañamiento y solidaridad, estamos vulnerables en lo fisiológico y lo emocional pero siempre se puede salir adelante con la compañía y profesionales adecuados a nuestras necesidades. Distinguir el valor de cada hijo, vivo o no, elaborar los duelos que se callaron en su momento y fortalecerme en esta nueva maternidad es posible. No estás sola.

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