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CUANDO LO QUE NECESITAMOS ES APOYO Y LO QUE RECIBIMOS SOLO SON CONSEJOS.


Ver al otro, escucharlo, percibir su necesidad, para construir una verdadera relación de apoyo, empatía y compasión. 


¡Qué frase! Recién la escuché en una meditación y empezó a revolotear en mi cabeza y corazón todos esos momentos en que personas queridas, amistades entrañables, incluso, familiares cercanos; han llegado a ofrecer un consejo “sabio”, en lugar de voltearme a ver en mi necesidad. ¿Te ha pasado a ti? ¿ha sido tu caso? O incluso, ¿te ha pasado? que tienes la repuesta perfecta en la punta de la lengua y solo estás esperando a que la otra persona haga una pausa (o siquiera tome aire), para darle ¡la solución perfecta! a “casos como el suyo”. 

¡Qué horror! Seguro nos ha pasado o hemos caído en falta a la invitación siempre abierta a que seamos más empáticos, receptivos, acogedores y fieles observantes a la necesidad ajena. 

He constatado en más de una ocasión en esos encuentros entrañables con una persona especial, con actitud atenta, me ha escuchado paciente, sin emitir juicio, sin decir “a mi amiga “x” le fue peor, y figúrate que, a ella.” ¡Qué maravilla!, me he sentido aceptada, valorada y atendida y lo que no deja de sorprenderme; llego a descubrir esa respuesta que necesitaba, esa solución que no veía. Y en esos casos, casi siempre, la otra persona no llegó a decir palabra alguna. 

¡Cuánto podemos hoy transformar nuestra realidad!, la realidad de alguien que nos necesita y probablemente no tengamos la menor idea que esto así sea. Podemos hoy con pequeños ajustes en nuestra mirada hacer la gran diferencia en nuestras relaciones familiares, de amistad, de trabajo o incluso, de esas nuevas relaciones que surgen de improviso, sin avisar, entre personas que nos topamos en cualquier camino. 

Mirar, con visión 2020, la visión perfecta, no es tan difícil. Basta con suavizar el gesto, procurar ver a la persona y esperar, hacer una pregunta abierta y esperar, esperar a la respuesta, con total atención. Sin expresiones que denoten prisa, sin muecas o ruiditos que señalen impaciencia, desatendiendo por completo al celular y solo con la intención de saber más. Solo en ese tono, y con esa intención, emitirás palabras como “compárteme más”, “no imaginé que estuvieras en una situación así”, “dime, cómo te sientes con eso” “¿Qué puedo hacer por ti?”; solo preguntas que abran la comunicación, las que inviten a seguir platicando, no a nos que den respuestas con monosílabos.   

Esa es la tarea que vale oro y para la otra persona resultará un verdadero encuentro. Somos seres relacionales, nos reconocemos, construimos y somos más fuertes gracias a esos momentos cara a cara, donde nos sentimos validados, especiales y únicos. ¡porque lo somos!; es cuando surgen las motivaciones, ideas, alegrías.  

Todos merecemos ser vistos y atendidos en nuestra necesidad, en esa necesidad que quizá ni siquiera he percibido que la tengo. Necesitamos de las pausas, esas pausas que nos activen a revisarnos y a descubrir un poco más de mí y del otro que está frente o a lado mío. 

Te invito y me invito a mí misma con esto, a no ver igual hoy a quienes pasen a nuestro lado, a pulir la mirada y abrirnos a escuchar lo que puede necesitar esa persona y dejar a un lado lo que “yo creo, considero o estoy segura” dejar atrás “la consejitis” (entiéndase como: inflamación del deseo por dar consejos) y abrirnos a conocer lo que en realidad necesita o necesito yo. Hoy estoy dispuesta a cambiarlo y dejarlo atrás, para crecer realmente en amistad y fraternidad social. ¡Podemos hacerlo juntos! 

Mari Carmen Alva.

Instituto IRMA

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