Cuidar el desarrollo de los niños debería ser una responsabilidad compartida. Padres, tíos, abuelos, maestros y cuidadores deberían tener la mirada puesta hacia el mismo lugar: educar y formar niños más felices y menos lastimados.
Debemos hacernos más conscientes de la importancia que tiene una crianza cariñosa y respetuosa, porque el adulto que será mañana comienza a construirse desde el nacimiento.
Cuidar a alguien significa preocuparnos, preguntar: ¿cómo está?, ¿cómo se siente?, brindarle apoyo y, por supuesto, mostrar cariño, haciéndolo sentir en todo momento amado, valorado y escuchado.
Escuchar y observar para identificar sus señales emocionales. Ayúdalo a reconocer y aceptar sus emociones sin sentir que está siendo juzgado; esto le servirá para reafirmar sus sentimientos y sentirse cómodo con ellos. Si tiene algo que decir, detén lo que estés haciendo para escucharlo.
Validar sus sentimientos ayuda a que reconozcan lo que sienten y promueve el diálogo, haciéndolos sentir que se les ama sin condiciones.
Démosles seguridad y presencia auténtica, reconociendo lo bueno que hacen y celebrando cada mejoría, animándolos a seguir adelante. De esta manera promoveremos autoestima, inteligencia emocional, confianza y comunicación, y al mismo tiempo habilitaremos la capacidad para enfrentar la adversidad que se presente en sus vidas.
Estas sugerencias pueden ayudar a dejar en ellos huellas de amor que, seguramente, los harán ser adultos más felices.
Si un niño se siente valorado, las reglas serán mejor entendidas.

Nadie merece más amor, atención y cuidado que los niños. Criemos niños que no tengan que recuperarse de su infancia, porque la infancia la llevamos dentro toda la vida.
Las palabras de los padres se convierten en la voz con la que un niño se hablará toda su vida.
En el Instituto IRMA creemos que acompañar la infancia desde el cariño, el respeto y la presencia no solo transforma la vida de cada niño, sino también el tejido emocional de nuestra sociedad.
Promover una crianza consciente es una forma de construir comunidad: una donde las emociones tienen espacio, donde el vínculo es prioridad y donde cada historia es mirada con dignidad y empatía.
Acompañar a un niño hoy es sembrar bienestar para el mañana. Porque cuando una infancia es sostenida con amor, se fortalece la posibilidad de formar adultos más conscientes, resilientes y capaces de vincularse de manera sana con los demás.
Sigamos haciendo de la crianza un acto compartido, amoroso y profundamente humano.
Terapeuta Mariza Gómez
Instituto IRMA
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