Concordare es una oportunidad para dar un espacio a las madres que desean unirse para honrar a sus hijos no nacidos. Aunque fue una experiencia muy breve y sencilla, me sorprendió profundamente la manera en que las madres agradecieron que se organizara este evento.

Escuchar comentarios como: “Gracias por hacer visible lo que la sociedad trata de hacer invisible”, nos recordó la gran necesidad de estos espacios. Una persona compartía que su esposo no entendía por qué en este mes de mayo se siente tan sensible y llora con mucha facilidad. Ella escuchaba frases como: “Ya olvídalo, el médico dijo que no ha pasado nada, que no era nada”.
Así mismo, una participante nos compartía que no se había atrevido a ponerle nombre a su bebé. Comentó “Esta fue mi oportunidad de pronunciar sus nombres como merecen, y me ha dado, sorprendentemente, una gran alegría”. Y es que muchas veces se piensa que, si damos este reconocimiento, dolerá más la pérdida.
Sin embargo, resulta increíble cómo, al otorgar esta dignidad, la mente y el corazón se sienten confortados. Internamente existe congruencia entre lo que el cuerpo siente y lo que el corazón reconoce: el hijo que existió en el vientre no ha sido negado ni olvidado. Sus padres lo han reconocido y, a pesar de su despedida, continúan recordándolo y amándolo, así como se ama a un ser querido que ha partido.
La mayoría de las participantes fueron mujeres, pero los hombres también lamentan la ausencia de sus hijos. Sabemos que muchos papás estaban ahí, muy cerca de sus parejas. Sabemos que lo viven de manera distinta, pero varios de ellos se dieron la oportunidad de participar y unirse para recordar a sus hijos amados.
También fue muy grato contemplar a un niño que se acercaba a la cámara y escuchaba con atención durante 45 minutos del evento. Al final dijo: “Yo también quiero decir algo”, y nos compartió: “Quiero que mis hermanos sepan que los quiero mucho”. Esto nos mostró que los niños también necesitan expresar estos sentimientos y formar parte del proceso de memoria y amor familiar.
Son muchos los comentarios y experiencias que recibimos, y los agradezco profundamente. Algunas personas ya habían pasado por un proceso de acompañamiento; sin embargo, entendemos que en este mes surge la necesidad de hacer algo especial, de poder nombrarse madres en un espacio cuidado y respetuoso, donde puedan expresarse sin sentirse juzgadas o criticadas por recordar que su vientre fue el hogar de su pequeño hijo.
Acompañar estos procesos permite comprender que la maternidad también deja huella cuando el tiempo compartido fue breve. La experiencia de estas madres y padres transforma profundamente su manera de ver el mundo y de vivir la vida con mayor sensibilidad, profundidad y conciencia.
¡Sin duda, los hijos dejan huella en el cuerpo, la mente y el corazón!
Psic. Ma. Esther Cardoso
Instituto IRMA
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