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Las manifestaciones o síntomas que vamos a abordar aquí se han observado en las mujeres que se han hecho practicar uno o más abortos. Puede existir una combinación de algunos o todos estos síntomas en las personas con las que usted se topa. Es importante recordar que existe una amplia variedad en la severidad de la reacción. Las reacciones variarán desde un dolor no muy fuerte o un sentimiento de confusión hasta reacciones más profundas, que pueden incluir el desorden de estrés post-traumático.
Los especialistas que han estudiado el tema de la aflicción que se experimenta ante la pérdida de un ser querido, han escrito sobre la necesidad de buscarle una solución emocional a las pérdidas que se sufren por causa de los abortos, así como de reconocer que dichas pérdidas, por más que se intente no admitirlas como tales, salen de todas maneras a la superficie durante posteriores pérdidas.
Nuestra sociedad, nuestras iglesias y nuestras familias no reconocen el aborto como una pérdida legítima. De hecho, el mensaje de la sociedad es que el aborto “resuelve” un problema y que la pérdida que ocurre como resultado del aborto es una “no-experiencia”. En el caso de los demás procedimientos quirúrgicos, al menos se reconoce la necesidad de recuperarse y de procesar la experiencia.
Muchos de los síntomas que vamos a tratar aquí son síntomas comunes a la aflicción complicada que se sufre ante la pérdida de seres queridos y a las reacciones ante los traumas. Cuando tratamos a las personas, es importante que les normalicemos su experiencia, ya que estas pacientes creen que sus sentimientos son propios de los que están locos. Cuando hablen con usted, escogerán cuidadosamente cuáles síntomas van a compartir, hasta que usted les asegure que lo que están experimentando es normal y sintomático de las reacciones ante un profundo dolor. Usted puede decirles: “Otras mujeres mencionan la misma experiencia” o “esa es una reacción normal ante un profundo dolor”.
La mayoría de las mujeres con las que uno trata en el contexto de la consejería pastoral, han dejado pasar de 5 a 10 años desde que se hicieron practicar el aborto. Sin embargo, si usted se topa con ellas en el contexto de otro tipo de pérdida prenatal (aborto espontáneo, bebé nacido muerto o embarazo extrauterino), pueden sentirse más cercanas a este otro tipo de pérdida que han tenido. (Véase el folleto: Protocolo para las mujeres que han abortado recientemente). La mujer que se ha hecho practicar un aborto tendrá muchos reparos en mencionarle ese hecho, a menos que usted le haya dejado saber de alguna manera que está consciente de que ello es una pérdida. Este dejarle saber puede realizarse durante la primera cita que usted tenga con ella. La manera de hacerlo es preguntándole si ella ha experimentado previamente alguna pérdida de embarazo, como abortos espontáneos, bebé nacido muerto, aborto provocado o embarazo extrauterino. Menciónele las distintas pérdidas al hacerle la pregunta. Nunca mencione primero el aborto provocado al hacer la pregunta. A veces las mujeres no piensan en el aborto como una pérdida reproductiva. Para ellas fue solo un procedimiento médico que tuvieron que soportar. El mencionar el aborto provocado de esta manera, es decir, como parte de una lista de pérdidas reproductivas, le ayudará a ella a comprender el porqué esta experiencia la está perturbando.
Si usted está familiarizada con las manifestaciones del maltrato sexual, podrá reconocer que muchas de las manifestaciones que se observan en las mujeres que se han hecho practicar un aborto, son las mismas que se observan en las víctimas del maltrato sexual. La experiencia de muchos terapeutas y consejeros de pastoral que están familiarizados con la pérdida a causa del aborto provocado, les ha hecho saber que muchas de las mujeres que se han hecho practicar un aborto también han sufrido el maltrato sexual. No es que el maltrato haya resultado en el aborto, sino que el maltrato destruyó las fronteras del respeto hacia sí mismas de estas mujeres y les envió mensajes distorsionados acerca del amor y la sexualidad. Cuando una mujer se involucra en relaciones no sanas, se vuelve más propensa a involucrarse en actividades sexuales prematuras, a caer embarazada y a hacerse practicar un aborto por la falta de apoyo de su sistema familiar.
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