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Y después del aborto ¿qué?

Lic. María del Carmen Alva López
17 marzo de 2007

Muchas mujeres que en un momento de su vida se han visto acorraladas por presiones de tipo familiar, social, económico o por abandono, han llegando a la decisión de abortar. Pasado el tiempo, aliviadas por lo que en un momento era “un problema agobiante”, muchas de ellas la califican como una decisión errónea.

 

Según la experiencia que hemos tenido de más de 7 años en la atención especializada y multidisciplinar del síndrome posaborto hemos constatado que el aborto representa un trastorno importante en la vida de quien ha recurrido a él. Puede provocar una serie de síntomas psicopatológicos que denotan una enfermedad, finalmente hay gran dolor y hasta el pensamiento o intento de quitarse la vida, por no poder perdonarse.

Al ver frustrada la maternidad por el aborto, se tiene repercusiones psicológicas, porque se ha lesionado el centro y el corazón de la persona. Pueden presentarse trastornos físicos y psicológicos; reversibles o no independientemente de una praxis salubre o insalubre.

Cuando el primer embarazo termina en un aborto provocado, queda truncada lo que hubiera sido la progresión natural --física y psicológica-- hacia la maternidad. El aborto borra la evidencia visible de la maternidad y la terminación del embarazo realiza una especie de corto circuito en los cambios biológicos que estaban ocurriendo en su cuerpo y en su cerebro, que la estaban preparando para la maternidad. Después de esta pérdida, la mujer generalmente tiene dificultades al hacer la transición hacia la maternidad cuando esta sí sucede. Ello puede impactar la manera cómo en ella se crea ese vínculo profundo con los hijos que vienen después y en cómo los cría y educa.

Su cuerpo y sus sentimientos le dejan saber que ella es una madre que ha perdido un hijo. No sorprende, por lo tanto, que después del aborto surja un dolor desde lo más profundo de su ser. Tiene una pérdida que llorar, sin embargo no puede permitirse ese lamento. Afligirse sería reconocer que una criatura ha muerto en el aborto, y que ella es en parte culpable porque fue su hijo. Lo más frecuente es que lo guarde como secreto y que no pueda hacer su duelo, aún más se siente culpable y duda de su derecho a sentir dolor.

Las reacciones posaborto se originan principalmente en el problema de la negativa y la necesidad creada de suprimir los sentimientos. Cuando suprimimos una emoción, esto afecta a todas las demás. Esta es la base del trauma posaborto: la negación de la criatura y la negación de los sentimientos. Esto causa síntomas de experiencia repetida, evasión y tristeza reprimida.

La mujer buscará aislarse, padecerá trastornos del sueño, tendrá angustia, depresión, ira, coraje. Cierta tendencia a las adicciones, problemas alimenticios o conductas autodestructivas. Reincidencia en el aborto, violencia y desintegración intrafamiliar, entre otros.

La actitud que asume una madre, para con los hijos previos, o posteriores al aborto, puede ser de sobreprotección, agresión o maltrato. Convirtiéndose el niño vivo en el centro de la ira y la frustración causada por el aborto.

Cada aborto implica una herida. El aborto es más nocivo psicológicamente que llevar el embarazo a término y dejar que el niño nazca. Aún cuando se entregue al hijo en adopción.

   
 

 

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