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Breve historia del Síndrome Post-aborto SPA

Breve historia del Síndrome Posaborto SPA

Antes de 1973, la mayoría de los estados no tenían legalizado el aborto de manera generalizada, lo consideraban sólo en situaciones extremas: embarazos producto de violación o incesto, cuando la vida de la madre estaba en peligro o por enfermedades siquiátricas severas. Sin embargo, en 1973, la suprema Corte de Estados Unidos emitió el histórico Roe v. Wade de 1973; se decisión removió como de rayo prácticamente todas las barreras legales para el aborto.

 

Durante los primeros seis meses de embarazo, no podía obtener el permiso de aborto por medio de una solicitud, sin necesidad de contestar preguntas, más que las que las del procedimiento médico. Al final de los primeros tres meses de embarazo, el permiso podía ser otorgado para salvaguardar la salud de la madre (entiéndase salud, en términos generales, como el bienestar físico, emocional y social). Está de mas decir que ésta decisión fue una de las más importantes y controversiales que jamás haya sido anunciada por la Suprema Corte.

 

Las personas y los grupos que estaban a favor de la decisión de Roe v. Wade argumentaban que, sin acceso restringido, millones de mujeres con embarazos inesperados podrían sufrir física y hasta emocionalmente, por que se verían forzadas a llevar a cabo el embarazo y dar a luz a niños que no querían, muchas veces bajo circunstancias adversas; o tal vez tendrían que recurrir a clínicas de aborto clandestinas; argumentó que se manejó para la legalización en nuestro país, en sus diferentes modalidades. También afirmaban que un aborto legal sería realizado por médicos bien entrenados y con enfermeras y consejeros capacitados, que ayudarían a estabilizar la vida de la mujer.

 

Los que se oponían a la legalización del aborto, hacían hincapié en que el proceso iba en contra del no nacido, inocente e indefenso, cuya vida terminaría de una manera injusta y violenta. Por otro lado, los argumentos de los que se encontraban a favor, negaban las consecuencias que la madre podía sufrir después del aborto. Cuando los abogados de pro-vida advertían las complicaciones médicas que implicaba un aborto, incluso cuando fuera realizado por personal capacitado, sus oponentes (desde un punto de vista estadístico) argumentaban que el hecho de finalizar el embarazo era también altamente riesgoso.

 

Las inquietudes sobre los posibles efectos psicológicos del aborto, eran contraatacadas bajo el argumento de los pocos abortos, hasta ese momento, que habían sido realizados bajo condiciones seguras y legales. Cualquier impacto emocional derivado del proceso, podía, de ésta manera, ser explicado como un producto hostil de las circunstancias; incluso en los estados donde el aborto era legal, una mujer era objeto de humillaciones, sólo para probar que necesitaba terminar con su embarazo y que la dejaran tranquila después de realizado el proceso. La posibilidad de que un aborto ocasionara posteriores problemas emocionales a lo largo de la vida, parecía sólo algo teórico, muchas veces estaba ligado a los asuntos acerca de la culpabilidad moral y espiritual y del bienestar. En la cultura de finales de los años 60 y principios 70, los valores tradicionales (especialmente los relacionados con la sexualidad) eran desafiados o abandonados por completo y muchas veces los consejos llegaban a oídos sordos.

 

En los años posteriores a la decisión Roe v. Wade, el número de abortos que se realizaba en Estados Unidos ascendía a más de 4,000 por día. No obstante, ni la prensa popular ni las publicaciones especializadas planteaban algún tipo de preocupación sobre los problemas emocionales del post- aborto y de cómo éstos se extendían. Sin embrago, era ingenuo creer que la legalización de éste proceso causaría de alguna manera efectos psicológicos que se desvanecieran en el aire. En efecto, una encuesta de 1981, dirigida por el Instituto Alan Guttmacher (organización de investigación fundada por Planned Parenthood) estipulaba una idea sobre una de las experiencias importantes del aborto. De las 1,105 mujeres que estaban a punto de tener un aborto o que lo acababan de tener, el 24 por ciento consideró que el proceso estaba errado moralmente. Con base en el índice actual de abortos que van desde 1 a 15 millones cada año desde 1974, los resultados de éste estudio sugieren que entre 200,000 a 300,000 mujeres estadounidenses han violado seriamente su propio código moral, desde el último cuarto del siglo pasado.


Durante los años 80, cientos de clínicas para embarazos inesperados (CPCs, por sus siglas en inglés, es decir crisis pregnancy center) fueron creadas, a lo largo de estados Unidos, por organizaciones que buscaban proveer soluciones alternativas al aborto. En tanto que la CPCs se enfocaba en la atención a mujeres embarazadas y sus circunstancias particulares, algunos, inesperadamente, se percataron que estaba trabajando con otro tipo de pacientes, no resueltos y derivados de uno o más abortos anteriores. Las clínicas no se anduvieron con rodeos al detectar mujeres que se encontraban enfrentando ésta pena; de inmediato eran trasladadas a un lugar seguro, en el que pudieran revelar su experiencia, explorar su significado y superarla.

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Cfr. M.S., M.F.T Reisser Teri, “A solitary Sorrow”, traducción-adaptación

p.168-177

   
 

 

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