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Cartas

El hombre que dejé de ser en el momento del aborto

 

En ese instante Arturo dejó de ser hombre, para convertirse en tirano, volcar a cada segundo mi impotencia, al saber que no podría hacer ya nada por la vida de mi hija. Sacar cada uno de mis instintos salvajes reprimidos (violencia, agresividad, odio, resentimiento, etc.) alimentarme de ellos segundo a segundo, hubiese querido en ese momento poder cambiar mi vida por la de mi hija.

 

Despojarme en ese momento del valor que hubiera mostrado un verdadero hombre por la vida. Dejé de ser hombre para así convertirme en un asesino de mí propia sangre. Dejé de ser hombre para saciar cada momento el repudio y el asco que me causaban todos y cada uno de mis valores hacia la vida se esfumaron.

 

Tener que alimentarme de mis instintos salvajes, para darme fuerza, cuando llegara el momento en que me despojarían de mi hija; y con ello me despoje de mi vida.

 

Dejé de ser hombre cuando tiraron a mi hija a la basura, en una maldita bolsa negra; en esa bolsa negra yo también me fui ya que ahí la bondad el amor, la voluntad que tenía para hacer las cosas bien y a su vez mejorarlas y las tuve que tragarlas para según yo no mostrarlas jamás en mi vida, sí aún quedaba algo de vida en mi.

 

Se acabó el ser hombre para mí, cuando, de un solo tiro, me arrebaté el poder mejorar hacia mi persona, en el momento en que me resigné a ver como con mis propias manos le quité la vida a mi hija y sin que yo pudiera hacer algo.

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Dejé de ser hombre para convertirme en tirano de mi nula existencia. La cobardía aniquila la existencia de un ser llamado hombre.

   

 

 

 

 

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